Retablo de Nuestra Señora de los Dolores


Como le corresponde por su carácter de Titular de la Parroquia, la imagen de Nuestra Señora de los Dolores ha estado siempre expuesta a la veneración de los fieles presidiendo el templo parroquial. Al principio, lo hizo en un sencillo retablo provisional y, ya desde mediados de la década de los sesenta del pasado siglo XX, en el camarín central del retablo mayor. Un espacio que fue remodelado a mediados de los ochenta para que lo compartiese con el Santísimo Cristo del Desamparo y Abandono. No obstante, tras la demolición a finales de los noventa de la anterior sede parroquial, y al realizarle un retablo propio a nuestro sagrado Titular cristífero, se aprovechó la restauración del retablo mayor para reformarlo nuevamente, devolviéndole al camarín central su antigua disposición para entronizar a la Señora. Tanto esta restauración como la citada reforma, culminadas en 2002, fueron realizadas en los talleres de carpintería Sándalo.

Tanto el diseño como la ejecución del retablo mayor de nuestra Parroquia son obra de José Montero Rodríguez. La realización del boceto original, que había sido elegido inicialmente por el párroco D. Antonio Gómez Villalobos, fue aprobada finalmente por el Cabildo General con fecha 21 de julio de 1964, a instancias del nuevo párroco D. Francisco Barragán Cordero, siendo bendecido el 6 de febrero de 1966 por el entonces Cardenal de Sevilla, Dr. José María Bueno Monreal. El precio convenido fue de doscientas mil pesetas, correspondiendo su propiedad a la Hermandad, tal y como declaró y rubricó el propio párroco en acta de Cabildo de 7 de noviembre de 1969 ya que ésta “… se encargó plenamente del pago de dicho retablo, que puntualmente cumplió”.

Componen el retablo mayor un cuerpo con tres calles y un ático. En la central, el camarín donde se entroniza a Nuestra Señora de los Dolores, que fue notablemente ampliado en la restauración que se llevó a cabo al instalarlo en el nuevo templo parroquial. En él se realizó la Coronación Canónica de la Santísima Virgen, el 15 de septiembre de 2002. Figuran en las calles laterales dos óleos, copias de sendas obras de Murillo: en el de la izquierda, La visión de San Juan Evangelista en Patmos, y en el de la derecha, El Bautismo de Jesús. El ático lo ocupa un óleo de Santas Justa y Rufina, patronas de la ciudad de Sevilla.

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