Jubileo Circular de las 40 horas

Significado 
El Jubileo de las cuarenta horas tiene su origen en las primitivas comunidades cristianas, que se celebraban la Pascua del Señor reuniéndose para ayunar, hacer penitencia y orar durante ese lapso temporal, que es el que se calcula según los Santos Evangelios que permaneció Jesús muerto en el sepulcro (desde la hora nona del viernes hasta el amanecer del domingo).

Repárese en que el cuarenta es un número de gran significado para el pueblo judío: son los años del reinado de Saúl, David y Salomón, los que pasó el pueblo de Israel en el Éxodo en busca de la tierra prometida, los días que Moisés pasó en el Sinaí para recibir las Tablas de la Ley de manos de Dios, los días que ayunó Cristo en el desierto…  

La comunidad católica actual conmemora igualmente en torno a Jesús Sacramentado este paso por el sepulcro como el camino previo a la Resurrección, culmen de la obra de la Redención.

Origen como culto eucarístico 
Su concepción como ejercicio de adoración eucarística se remonta a la Contrarreforma. La doctrina conciliar emanada de Trento, entre otros acertados postulados, tuvo como un pilar fundamental en reacción a la reforma protestante el culto a la Sagrada Eucaristía fuera de la Santa Misa: Jesucristo Presente entre sus fieles.

Para ello, y dado que los luteranos negaban esta Presencia real y sustancial, comenzó un movimiento eclesial en el que destacó la figura de San Carlos Borromeo, que dio la configuración eucarística que conocemos a este ejercicio de las Cuarenta horas; estableciendo un acto de Adoración al Santísimo Sacramento, consistente en la Exposición del Cuerpo de Cristo durante ese periodo temporal. Ordenando Su Santidad Clemente VIII en 1592 la obligatoriedad de celebrarlo en todas las iglesias de Roma (de ahí el adjetivo “circular”, porque su celebración era rotatoria – o sea, “circulaba”-).

Para mantener este acto de fervor eucarístico, nacieron las Congregaciones de Luz y Vela, siendo la de Sevilla, que ostenta el título de Real, fundada por Bula de Pío VI en 1777 en la Santa Iglesia Catedral, pasando tiempo después a la cercana Parroquia de Santa Cruz; su función es promover la adoración de Su Divina Majestad y coordinar los turnos del Jubileo Circular por los diversos templos de la capital. 

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